Arte para vender o vender mi arte.

Pablo Picasso, Las Señoritas de Avignon, 1907.

Hay un pensamiento de Picasso: Un pintor pinta lo que vende, un artista vende lo que pinta. Este pensamiento encierra un dilema eterno para los artistas visuales, hacer un “arte” eminentemente comercial, o arriesgarse a hacer un verdadero arte y venderlo.

Se trata de las dos posturas ante la producción artística, no es ningún secreto que la gran mayoría de los artistas visuales quieren y anhelan vivir de la venta de su trabajo, algo completamente normal, sobre todo cuando se trata de un medio, donde los artistas son tratados como forajidos, como algo allí con lo que los estados no saben como tratar, con algunas excepciones, pero en general el artista visual que no logra vivir de su obra, se ve obligado a generar ingreso por otras vías, ya sea con la educación (como pasa en la mayoría de los casos), o haciendo peripecias para subsistir mientras sigue adelante con su trabajo artístico, ya que se trata de algo vocacional, que lo acompaña durante toda su vida, como parte de su naturaleza.

Siempre recuerdo las palabras de un amigo sociólogo que una vez me comentó, conversando sobre este tema: la gran lucha de los artistas es contra la pobreza, y contra un sistema diseñado para no tener oportunidades de desarrollo, lo cual convierte a las pocas oportunidades en una lucha feroz por la supervivencia, donde no siempre gana el más apto, sino el que tiene los mejores contactos, los mejores amigos y las mejores relaciones, tanto en el sector público, como en el privado.

Nunca olvidé esas palabras, porque me mostraron esa realidad del modo más crudo, y me reafirmaron algo que siempre consideré como un derecho de todos los artistas visuales, el derecho a vivir de su obra, ¿por qué si un artista teniendo que luchar tan duramente para surgir, si se le presenta la oportunidad de vivir de su obra, por qué no tomarla? Por otro lado aquellas palabras del sociólogo, me llevaron a pensar en el tipo de oportunidades que hacen falta, oportunidades para exponer, oportunidades para difundir, oportunidades para investigar, y oportunidades para vender.

En muchas escuelas de arte, sobre todo en Latinoamérica, se nos enseña cuando somos estudiantes, que vender la obra es algo malo, o pervierte el trabajo del “buen arte”. Una postura romántica y trasnochada, completamente alejada de las posibilidades de progreso y desarrollo. Y lo peor de todo esto es que muchos de los profesores que inculcan estos “valores”, o bien venden muy bien sus obras, o están locos por vender pero no lo dicen para mantener una pose de “artistas no comerciales”. Y el efecto de esto es nefasto, ya que las nuevas generaciones de artistas, desarrollan una especie de prejuicio y complejo hacia el mercado del arte, pero a la vez está la necesidad de éste, llevándolos a cometer errores que les pueden valer su carrera y prestigio como artistas.

Las dos posturas ante el mercado del arte

Sabemos que el mercado del arte está allí, pero nadie le enseña a los artistas como relacionarse con este, ni mucho menos es parte de las materias en las escuelas de arte, todo se sigue manejando como si estuviésemos en el siglo IX.

Como mencioné al principio del artículo, el dilema surge cuando no se sabe qué camino tomar, qué postura adoptar ante el mercado del arte, producir para vender, o producir una verdadera obra y después venderla. Lo que define Picasso como pintores o artistas, aunque en este caso me refiero a artistas visuales en general no sólo a los pintores.

Pintar para vender, la postura del hacedor

Esta postura, también se conoce como el camino fácil, ya que no implica mayor esfuerzo, más allá de conocer lo que se vende, producirlo y beneficiarse de ello. Para mucha gente ajena al mundo del arte esto suena como algo ideal, sin embargo para los verdaderos artistas, así como para los curadores, críticos, historiadores, investigadores, incluso galeristas serios y comprometidos con el arte y el desarrollo cultural, ellos saben que el arte va más allá de una simple producción decorativa, tiene que ver con el desarrollo creativo, es algo que pasa por procesos de investigación, reflexión y el logro de un estilo distintivo y propio, lo cual sólo puede obtenerse con disciplina, dedicación y esfuerzo, por parte del artista.

Una cosa es el arte como lenguaje visual, comunicativo, discursivo, y otra es hacer algo eminentemente decorativo, sólo con fines comerciales. Y pasa porque lo he visto, que muchos artistas es su desesperación económica, entran en esa dinámica, y lamentablemente se quedan estancados sin poder salir de allí.

Cuando se adopta esta postura, las motivaciones principales son vender por vender, producir y repetir infinitamente algo para generar más y más dinero, lo cual es peligroso para la carrera de todo artista serio, no porque ganen mucho dinero, sino porque sacrifican lo mas importante que tiene todo verdadero artista, el desarrollo creativo. 

Vender lo que se pinta, la postura del creador

Es el caso contrario a la postura anterior, pero no tiene nada que ver con la idea de “no vender”, claro que se puede vender, lo que hay es que saber, cómo, cuándo y dónde, pero primero lo primero, ya que sin obra no hay nada.

Un ejemplo emblemático que me viene a la mente, es el caso de Joseph Beuys, por citar un artista conceptual, emblemático y que dejó una gran marca en el arte contemporáneo. Cuando Beuys participó en la Documenta 7 en 1982, con su proyecto 7000 oaks (7000 robles), llenando los espacios con sus robles, como dato curioso, todos los robles expuestos como objetos escultóricos fueron vendidos por una galerista alemana. Por supuesto que Beuys nunca pensó en el proyecto con fines comerciales, sin embargo la obra se vendió y asumo que éste recibió el beneficio económico por su trabajo. ¿Qué hay de malo en ello? Este es un ejemplo de saber manejarse con el mercado del arte, desde los proyectos artísticos.

Joseph Beuys, 7000 robles, Documenta 7, 1982.

¿Qué nos dice esto? que hoy en día el mercado del arte contemporáneo da para muchas cosas, que es un mercado grande y extenso, al que hay que saber entrar, una vez que se tiene algo que mostrar, producto de una investigación seria en el campo visual, de un proceso creativo real, donde las motivaciones sean aportar al mundo del arte, y en ese proceso desarrollar un estilo propio, y lo más difícil que incluso va más allá del estilo, el código subyacente, aquello que siempre determina que una obra sea de determinado artista. 

De las dos posturas, particularmente me interesa la segunda, porque la historia del arte ha demostrado que el desarrollo del verdadero arte, viene dado desde los procesos creativos, con proyectos artísticos e investigaciones serias, dando como resultado una obra real, con un discurso importante, con algo que aportar, y no me refiero al afán vanguardista de lo nuevo, de lo innovador, sino del arte real, del arte serio con profundidad discursiva. Lo demás es saber cómo meterse en el sistema del mercado del arte, sin ser quemado, manteniendo los principios originales de la obra, ese es el gran reto para todo artista visual verdaderamente comprometido con su trabajo, si realmente se plantea vivir de su producción artística.

¿Y tú haces arte para vender, o eres un artista comprometido y nadie te ha enseñado cómo entrarle al mercado del arte?

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Nota: este articulo fue publicado originalmente el 22/01/2017.

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